B&B - POSADA
CASA LUDWIG

HISTORIA

DE ROSSBACH A PUYUHUAPI

 

En 1985, al celebrarse el 50 aniversario de Puyuhuapi, Walther Hopperdietzel, el último sobreviviente de los fundadores del pueblo, dio una entrevista a una revista chilena, de la cual reproducimos algunos párrafos:

Eramos alemanes sudetes, y nuestra aldea Rossbach quedaba en Checoeslovaquia en la la frontera con Alemania. La distancia entre estos países se podía unir a pie en media hora de camino. Allí también nacieron mis amigos Carlos Ludwig, Ernesto Ludwig y Otto Uebel; con ellos decidí emigrar.

De Alemania recibimos publicaciones sobre Chile y sobre todo de la provincia de Aysén, a través de libros escritos por el Dr. Hans Steffen, de las excursiones que aquí realizó, datos sobre la geografía el clima, y nos dimos cuenta que eran muy parecidas a las condiciones de nuestro pueblo, con más precipitaciones pero la temperatura y el paisaje eran muy similares y pensamos que éste era un buen lugar para nosotros.

Nos pusimos en contacto con amigos que recomendó el mismo doctor Steffen, la familia del doctor Martin de Puerto Montt nos escribió y nos ratificó la existencia en la provincia de Aysén de campos para colonizar con extensiones ilimitadas… y decidimos emigrar a Chile.

Otto Uebel fue nuestro jefe pues era el mayor y pertenecía a la familia que organizó en Europa la emigración, era una familia de mucha fortuna, tenían grandes fábricas de alfombras y un gran idealismo, querían hacer prosperar una población aquí en el sur de Chile; tenían previsto seleccionar a muchas personas como carpinteros, mecánicos, gente que entendiera de aserraderos, para que vengan después de nosotros a Chile.

En forma sucesiva llegamos los cuatro a Aysén el año 1935, para crear las bases que faciliten el camino a los demás. Primero Carlos Ludwig y Otto Uebel, quienes se embarcaron en Puerto Montt en un barco que era propiedad de una estancia de la zona. Este los dejó a 20 kilómetros al sur de Puyuhuapi, en la desembocadura del canal Jacaf, ahí bajaron el bote que traían a bordo, con algunos víveres y algunas herramientas, también un motor fuera de borda, que esa época era único en su tipo. En Santiago, Carlos y Otto se habían asociado con Augusto Grosse que había realizado excursiones en este sector, por lo tanto sabía del clima y cómo entrar con machete para moverse en el bosque, una labor muy complicada y que requiere mucho esfuerzo.

Desembarcaron en una pequeña isla que bautizaron con el nombre de Paciencia, siguió el barco hacia el sur y ellos hacia el norte conociendo la costa del canal hasta llegar a la bahía donde hoy se encuentra actualmente la villa Puyuhuapi. En esos años el canal estaba completamente despoblado, no había ningún habitante, ni siquiera en Puerto Cisnes, el bosque llegaba hasta la playa, por lo tanto tuvieron que limpiar, y la paja canutillo, que era muy abundante, sirvió como primer material para la construcción de un rancho.

Desde el comienzo contratábamos a obreros del archipiélago de Chiloé, pero estos venían solo por los meses de verano, y el resto del año estábamos completamente solos, sin siquiera contacto radial.

En nuestra tarea preliminar de establecer una base, tuvimos mala suerte: los dos primeros ranchos se los llevó el rio, y el tercero, ya mejor construido, se quemó. Así los primeros colonos no podían venir, pues siempre había un atraso y otro que lo impedía. También limpiar campo en este sector, hacer roce y empastar, significaba un mínimo de tres años, por ello considerábamos la llegada de los colonos para el año 1938 o 1939.

Pero en Europa se pintó la nueva guerra y no había permisos de emigración. Nuestro pueblo natal había cambiado nuevamente de nacionalidad e incorporado a Alemania por el plebiscito del año 1938, con los acuerdos de Munich, y nosotros pasamos de austriacos, a checos, a alemanes. En esta época era imposible conseguir más colonos, en la mentalidad de los políticos estaba presente la nueva guerra, necesitaban a toda la juventud y no dejaron emigrar a nadie. Nos quedamos los cuatro, solos con la frustración de nuestros planes para un poblamiento.

Aquí en Aysén encontramos una estupenda colaboración de la llamada Oficina de Tierras y Colonización, que nos concedió de inmediato 5.000 hectáreas para cada uno, disponíamos de 20.000 hectáreas de terreno que nos concedió el Fisco a título gratuito, pero esto cambió bruscamente cuando empezó el conflicto en Europa la ley fue justamente lo contrario. Si antes el extranjero tenía más posibilidades que el mismo chileno, en el año 1939 cambiaron la ley de inmigración por la ley de colonización que impedía al extranjero recibir título gratuito fiscal, con esto quedamos casi sin tierras, sin campo para colonizar. Ahí empezamos a sacar los papeles de radicación y la carta de nacionalización, no hubo problemas y recibimos estos documentos para solicitar tierras. Había en esa época una disposición que permitía a cualquier chileno solicitar 600 hectáreas a título gratuito y al empleado público 1.000, entonces, las personas de la Oficina de Tierras nos aconsejaron que consiguiéramos un trabajo fiscal aunque sea ad honorem, para postular por lo menos a mil, ya que se habían frustrado las 5.000. No fue difícil, yo solicité como observador de la estación Pluviométrica de la FACH, cargo que ejerzo todavía, y don Ernesto, que ya falleció, era inspector de pesca y caza.

Nuestra primera etapa de trabajo fue hacer campos para ganadería, porque vimos que ésta era la primera ocupación que podríamos desarrollar aquí, en una zona demasiado lluviosa para la agricultura.

Luego aspiramos a un aserradero, vinieron las primeras maquinarias de Alemania con sierra huincha, que no sirvieron para nuestra modalidad de trabajo; teníamos que traer los troncos por el agua, a través de balsas, pero al trasladarlos por tierra se ensuciaban, por eso tuvimos que cambiar por un aserradero construido en Chile, con hoja grande de dientes postizos, es decir, con la media luna y el diente que se puede cambiar. Compramos el primer aserradero el año 1942, en una fundición de Osorno, también toda la maquinaria para la elaboración de maderas. Este aserradero funcionó hasta el año 1970, aproximadamente.

El año 1939 ya se habían establecido algunas familias obreras de Chiloé, lo que fue una gran suerte para nosotros porque el chilote es un excelente trabajador y sabe como limpiar el bosque, sabe de ganadería, de construcción, de botes, sabe de todo un poco… y quedaron ellos con Ernesto y Otto haciendo campo y Carlos y yo viajamos a Puerto Montt a tratar de buscar financiamiento para pueda surgir esta pequeña población. Yo trabajé como representante de fábricas de alemanas, vendiendo mercaderías en el sur de Chile, alfombras, tapices, cortinajes, telas de la misma fábrica de los padres de don Otto y don Carlos exportando maderas de los aserraderos de las cercanías de Puerto Montt a Alemania. Teníamos buenos ingresos, entonces vino la guerra y nos cortó esa entrada, nuestra firma en Puerto Montt fue puesta en la lista negra y no pudimos desarrollar nuestra actividad comercial. Yo volví a Puyuhuapi y Carlos se quedó en Puerto Montt para coordinar el abastecimiento.

Al término de la Segunda Guerra, todos los alemanes fueron expulsados de Checoslovaquia, pero a nuestros padres y hermanos el fisco checo los expulsó recién en 1947 porque habían recurrido al cónsul de Chile en Praga, que los ayudó para emigrar desde Checoslovaquia hacia una reunificación familiar. Con sus visas listas para Chile, lograron ir a París a esperar un medio de transporte. Trataron de conseguir pasajes en barco que eran mucho más baratos, pero fue imposible porque éstos estaban ya vendidos y solicitados por años debido a que todo el mundo, después de la guerra, trataba de salir de Europa que había quedado devastada con sus ciudades en ruinas. Nuestros familiares tuvieron que viajar en avión de París a Dakar a Recife a Santiago, de ahí en tren hasta Puerto Montt y en barco hasta Puyuhuapi.

Ya con mi padre y mi hermano, que también eran del ramo textil, decidimos formar una pequeña industria para dar trabajo a esta comunidad que lentamente crecía y que en el año 1947 contaba con 15 obreros venidos de Chiloé, de Puerto Montt y las Islas de Melinka, trabajadores que también habían traído a sus familias constituyendo una pequeña población. Con el aserradero funcionando no había problemas para construir sus casas, pero teníamos que mantener esta población y tuvimos que crear nuevas actividades, ésta fue otra causa para pensar en una industria textil. Comenzamos con un solo marco. Aunque ya en las escuelas de Alemania este ramo se había dejado completamente fuera de los programas y en Europa ya nadie tejía alfombras a mano porque existía la técnica de tejidos planos de cualquier tipo: nosotros teníamos lo conocimientos de cómo se tejían alfombras artesanales al igual que en India, China o Persia.

Antes de venirme a Chile, yo había hecho dibujos de los telares que teníamos en Rossbach y después los realizamos acá acondicionados para tejidos planos, o sea géneros. Con nuestro mueblista nos demoramos dos o tres meses en hacer dos telares con cuatro cajones, se tejía con siete lanzaderas y permitía 60 pasadas por minuto, eran telares semimecánicos propulsados por pedales, y competíamos con la industria que había en ese tiempo, incluso nuestras telas las vendíamos a los Gobelinos de Santiago. Estos telares se quemaron el año 58 cuando se quemó la fábrica. Ahí surgió la necesidad de hacer alfombras, para dar trabajo a la mujer de Chiloé que tenía conocimiento y la experiencia de cómo hacer choapinos. Entonces hicimos el primer marco para saber cuántas pitas por centímetro se necesitaban y preguntamos a Santiago cuales eran los materiales que había para desarrollar este tipo de alfombras. Hicimos el primer par, las mandamos a Puerto Montt y vimos que tenían mercado. Así fuimos construyendo un telar tras otro y ya, con 10 telares hemos podido dar trabajo a más de 30 personas, lo que fabricamos hoy está vendido de antemano, no necesitamos esperar comprador.

En nuestra corta historia de colonización, una anécdota curiosa la constituyó el año 1943. Comenzó con la llegada a la bahía de dos barcos, uno de la Armada y otro mercante. De ambos bajaron botes con soldados y civiles que llegaron hasta la playa donde estábamos todos reunidos. Saludamos cortésmente, pero no hubo respuesta, nos rodearon y a todos los que éramos alemanes nos llevaron al barco para ser interrogados. No sabíamos qué pasaba. Fue una invasión dirigida por ingleses, autorizados por el famoso Departamento 50 de Santiago que vigilaba a todos los extranjeros, vinieron a saber qué hacíamos nosotros aquí porque corrían rumores de que abastecíamos a submarinos alemanes. Antes de la guerra nosotros habitualmente recibíamos mercadería y maquinarias de Alemania, entonces pensaron que podríamos tener aquí una base con muchos víveres, equipos de radio y armas. Los interrogatorios fueron largos y molestos, pero finalmente nos dejaron en libertad y se fueron, no muy convencidos, pensando siempre que aquí se encontraba todo escondido.

En estos 50 años de vida transcurridos en este hermoso lugar de Chile, nos ha quedado una gran experiencia de vida y la satisfacción de haber realizado nuestros anhelos, pues pienso que si nos hubiéramos quedado en Alemania, no habríamos logrado lo que queríamos.

Puyuhuapi ahora es un pueblito de casi 600 habitantes y continuamente se construyen nuevas casas. Yo trato de mantener y reparar lo construido y adiestrar a personas jóvenes para que esta industria pueda seguir y no muera conmigo. Se ve que el pueblo progresa y todo esto da una satisfacción enorme porque, en fin, nosotros somos considerados aquí como los fundadores de esta villa o comunidad de Puyuhuapi”.

Ernesto Ludwig fue el primero en fallecer en 1969, seguido por Otto Uebel en 1975 y Helmuth Hopperdietzel en 1979. Carlos y Walther vivieron hasta 1996.